viernes 19 de junio de 2009

Por una verdadera imagen del Sacerdocio

El Papa Benedicto XVI ha declarado este año, a partir de la solemnidad de hoy, Sagrado Corazón de Jesús, Año Santo Sacerdotal.
La iniciativa es clara: incentivar a los sacerdotes a profundizar en la razón de ser de lo que hacen, y recordar al pueblo crisitano que deben rezar por sus sacerdotes.
Ambas iniciativas son muy necesarias, y entran de lleno en rehabilitar la imagen del sacerdocio.
Muy interesadamente esta imagen se tergiversa continuamente en los medios de comunicación. Oponen curas progres a curas carcas, curas contestatarios a curas mojigatos. Los presentan como fariseos de la peor calaña, como falsos y peseteros. Como vagos y engañaviejas. Como pervertidos y un peligro potencial para cualquier niño... Y todo esto es rotundamente falso.
Sí, es falso, porque una cosa es lo que un hombre débil pueda ser - y a ese hombre débil, en cuanto hombre se le debe juzgar, corregir y castigar - y otra cosa es la dignidad misma del sacerdocio. Yo no tengo porque excusarme de que soy sacerdote, ni mucho menos pedir perdón. Lo que tendré que hacer en todo caso es esforzarme en sanar las heridas que produzcan mis debilidades o las de cualquier otro sacerdote.
Estoy harto de que me quieran casar - "es que los curas deberían casarse" - cuando yo quiero ser célibe, estoy harto de que nos comparen a unos sacerdotes con otros, buscando rencillas y diferencias, cuando lo que yo quiero es sentirme hermano de todos. Y por supuesto estoy harto de que penda sobre los sacerdotes una depravada reputación cuando los actos que se imputan - no siempre demostrados por otra parte, pero si siempre aireados como la peor de las calumnias - no alcanzan ni siquiera a l 0,7 % de los más de 400.000 sacerdotes que realizamos por todo el mundo las más variadas ocupaciones en favor de los hombres y como obra de culto y amor a Dios.
Por eso estamos en un Año Santo Sacerdotal, para animarnos a los sacerdotes a dejar nuestra vida a los pies del Maestro, y pedirle que nos renueve: en nuestra ilusión, en nuestro compromiso, en nuestra generosidad, en nuestro valentía, en nuestra audacia. Somos, por voluntad del Salvador, uno de sus instrumentos más poderosos en la transformación de este mundo en un mundo mejor. No hay que tener miedo a decirlo, porque no se debe a nuestros meritos, sino a su voluntad. Por eso, hermanos sacerdotes, debemos orar.
Y también estamos en un Año Santo Sacerdotal para que todos los fieles miren con cariño a sus sacerdotes, los apoyen, los defiendan con orgullo y recen por ellos. Para que resplandezca la verdadera identidad de tantos sacerdotes - tantísimos - que día a día hacen un bien que nadie más está dispuesto a hacer, que entregan su vida para hacer un bien que los demás no tienen tiempo de hacer. Para que los fieles descubran en ese hombre la paternidad de Dios, el amigo fiel.
Es nuestro año, un año para dar un salto cualitativo con ilusión, y dejar que el Señor haga resplandecer con fuerza lo que realmente somos y quiere de nosotros.

martes 16 de junio de 2009

Pensar, el verdadero cambio necesario

Pensar es una actividad que parece relegada. Como leer los clásicos, o estudiar sirviéndose del argumento de autoridad. Todo está, aparentemente, superado. ¡Dad la bienvenida al hombre nuevo!
Algunos están muy comprometidos en la construcción de esa nueva humanidad, muy seguros de ser el instrumento imprescindible. Desde el "Change we need" que parece suponer Obama al "Acontecimiento planetario" que parece suponer Zapatero. No hay historia. Es la muerte de la historia, como predica en nuestros tiempos Fukuyama y el "movimiento masonería 2.0-new age redux". Borrón y cuenta nueva. Hacemos un nuevo hombre, hacemos una nueva historia, hacemos una nueva civilización en aras de una alianza de lo inaleable y construimos una nueva moral. Sugerente. Fantástico.

Bienvenidos a la Rusia de 1921, o a la Alemania de 1933. Da igual.

Es lo que queda claro tras ver la pelicula "Good", con Vigo Mortenssen y Jason Isaacs. Un título simplemente brillante para una realidad recurrente: los totalitarismos se construyen desde la obcecación de no querer reconocer los errores de la humanidad cuando se autodiviniza y de todos aquellos que son buenos (good) pero sin convicciones firmes, como cohartada perfecta para el sistema.

Hay que pensar más. Hay que leer más. Hay que opinar en contra más. Hay que rezar más. Hay que superar el divorcio entre opiniones de salón y realidad.

lunes 29 de diciembre de 2008

Santidad como pragmatismo y coherencia

Hoy, dentro de las festividades navideñas, tenemos la memoria de Santo Tomás Becket. Un hombre que vivió hace mucho tiempo (1118-1170), con una historia de santidad poco usual para lo que solemos pensar - muy erroneamente, de todos modos - respecto de los hombres de la edad media.

Fue canonizado porque fue mártir. Y llegó al martirio por coherencia y pragmatismo, términos que no solemos asociar al concepto santidad.

Gran amigo durante su juventud del que llegaría a ser rey de Inglaterra, Enrique II. Trabajó codo con codo con el rey en puestos de alta responsabilidad,llegando a ser Canciller del reino, hasta que le asignó la última responsabilidad en una auténtica jugada maestra de política: ser el arzobispo de Canterbury, primado de la Iglesia de Inglaterra -sorry for York -, y con ello tener el control político de la Iglesia para sus propios fines (supongo que principalmente fiscales).

Sir Thomas Becket era un seglar, y paso inmediatamente por todas las ordenes menores, siendo ordenado diacono, presbítero y obispo en el plazo de una semana. Y entonces es donde viene lo chocante del caso de este hombre. Investido con la dignidad de Arzobispo, primado de la Iglesia en Inglaterra, comodamente lejos de Roma, contando con el favor, la amistad y la comunión de criterios y metas políticas con el rey, cambia totalmente de actitud.

Defendió la libertad de la Iglesia, su absoluta soberanía espiritual como fuente de una legítima autonomía terrenal, llegando a enemistarse gravemente con el rey. Sufrió destierro, y en el gran esfuerzo de su oposición desquicio al rey de tal manera que éste deseo verlo muerto. Y así fue. Asesinado en su propia Catedral en Canterbury.


En una ocasión definió así el papel del que es obispo: "En la consagración prometimos ser solicitos en el deber de enseñar, de gobernar y de ser más diligentes en el cumplimiento de nuestra obligación, y así lo profesamos cada día con nuestra boca; pero, ¡ojalá que la fe prometida se desarrolle por el testimonio de las obras!" (fragmento de la Carta 74, PL 190, 533-536). Esta claro que esto le decía porque lo había meditado mucho, y lo estaba aplicando a su situción de vida, de tal manera que fue pragmático en relación a sus obligaciones y coherente con su fe. Vamos, como los obispos en la Plaza Colón ayer en Madrid. Es lo pragmático, lo coherente, lo que se le pide a un pastor. Y si lo hace, hace lo que Dios quiere. Y si lo hace, se opone al espíritu del mundo y al criterio de los ensoberbecidos en el poder. Y haciendolo puede ser propuesto como modelo de santidad. Y haciéndolo puede resultar tan intolerablemente molesto como para desear que no exista, que deje de existir, que lo maten. Figurativamente (muerte civil: la religión a lo privado, como basto sinónimo de lo escondido) o realmente (ni será la primera, ni por supuesto - sí, también hoy en nuestras "democracias" - la última).

La tumba de Santo Tomás Becket se convirtio en un sitio de gran veneración, y ¡oh misterios de la historia!, fue arrasada y sus restos destruidos sistemáticamente a conciencia con especial odio por otro Enrique, de numeral VIII.

jueves 20 de noviembre de 2008

Luz Amable

Bajo tu tamiz dorado y ocre
Luz amable
por la senda y por el barro
en la lucha y el sosiego
¡aún en mi ausencia presente!

Entraña de todas las cosas
su vida y su destino
juez imperturbable y amigo conmovido
Luz amable
Mi puerto y mi remanso.

Luz amable
cimentada en la Sangre
Serena y transida de Pasión
icono de dolor y de victoria
Amor sobre todo amor

Dolida e invicta
y ahora serena
mi luz, Luz sobre toda luz
Luz amable

El alimento de mi fe
y horizonte de mi esperanza
mi Dios, mi patria
la Salvación

Hombre resucitado
gloria inmarcesible
abrazo y promesa
Luz, Luz sobre toda luz
inevitable, ¡amable!

martes 4 de noviembre de 2008

Comienzo y fidelidad

Me he resistido a recomenzar esta labor. ¡Son tantas las obligaciones nuevas! Mi vida ha dado en la serenidad un cambio de rumbo inesperado. Derrepente siento el peso de la responsabilidad, y la clara sensación de indignidad, y de que todo a partir de ahora me superará siempre con creces. Pero ahí está la fe, la que hace que se pueda aspirar a la audacia sin por ello significar que uno se vea avocado irremediablemente a la soberbia.
De párroco de pueblo a Canciller Secretario de una diócesis. De incertidumbres y desasosiegos a ir finalizando los estudios felizmente. De las sombras inevitables que tienen los cambios en la vida a la luz de la estabilidad puntual. Tras el temporal, la llegada al puerto (haven en inglés, ¡tan similar a heaven!).
Sé que saldré a navegar de nuevo en este camino, que la tranquilidad es solo un respiro, que la responsabilidad es enemiga de la comodidad, que la tensión por crecer es incompatible con el contento. Llegarán sin duda los nuevos retos, y solo pido a Dios poder permanecer fiel siempre, y que Él sea siempre lo inamovible de mi vida